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ISSN 1989-4163

NUMERO 42 - ABRIL 2013

Liz Taylor y la Moda

Holly

En los años sesenta -Marilyn mediante- y, especialmente, en los setenta, Liz Taylor era la mujer más famosa del mundo. Sobre todo por el tema de sus matrimonios y, especialmente, por su amor con Richard Burton. Por lo de las joyas, también. Para qué engañarse. Hace dos años que Elizabeth Taylor, que odiaba que se refiriesen a ella como "Liz", murió. Todos los periódicos desplegaron suplementos sobre sus ojos violeta que, poéticamente, encabezaron titulares como "ojos de gata". Liz Taylor era una mujer bella, muy bella. Objetivamente bella. Andy Warhol, en los libros que publicó sobre sus recuerdos, sus gustos y sus obsesiones -y no necesariamente en ese orden-, habla en varias ocasiones de Liz Taylor porque, es evidente, Liz Taylor le obsesionaba. 

No sólo le dedicó una serie de fotos serigrafíadas, en mi opinión, más melancólicas y dulces que las expansivas y -falsamente- vitalistas de Marilyn Monroe, sino que habló de la impresión que le causó haberla conocido y de estar junto a ella. Una de las cosas que con más fuerza se señalan cuando se habla de Liz Taylor es que era bajita, muy bajita, y que, en comparación, su cabeza parecía muy grande. Siempre me ha parecido que esas frases eran un tanto desmitificadoras. Sin embargo, tras reflexionar un poco sobre ello, pienso que no es así. Que no es así en absoluto. Esas frases sólo explican bien el alcance de la belleza de Dame Elizabeth. Tanto Capote como Warhol demostraron -y escribieron- sobre su fascinación por el rostro de la Taylor.

Pero Elizabeth Taylor era más que belleza y joyas. Tenía talento para la actuación, aunque le pasa un poco como a Greta Garbo: su rostro es de tal belleza que se te olvida que es buena actriz. Y también tenía gusto, un gusto personal, por la moda. Eso precisamente es lo que Raf Simons ha recuperado para su colección de pret a porter de primavera verano de 2013 en Dior. Que se inspira en el traje que llevó -de Dior- a los Oscars de 1961 en los que ganó la estatuilla por Una mujer marcada. Pero no fue la única vez que la Taylor vistió de Dior. En Roma, en los sesenta, también lo hizo y el traje es, igualmente, una maravilla. Nadie se ha inspirado en él -aún- pero es una buena idea. Un vestido muy actual y un poco extraño por su modernidad para ver en Liz Taylor: con el escote en V hasta un punto en el que uno se atraganta y con ese corto un tanto abombado. Sin embargo, está radiante. No creo que Liz Taylor tuviese un gusto impecable y elegante. Era, más bien, una mujer excesiva. Como sus joyas. Me gusta que pensase que le podían prestar un vestido pero no una joya, porque era demasiado personal. Capote dijo, tras la muerte de Marilyn, que el mundo era un poquito peor porque era "una criatura encantadora". La Taylor era la magia misma del encanto. Qué belleza. Qué mujer. Y dos años ya, querida mía.

 

Liz Taylor

 

 

@ Agitadoras.com 2013